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28 AÑOS- 10 DE OCTUBRE 1986,10 OCTUBRE 2014, 28 AÑOS

EL TERREMOTO, , MI CÁMARA Y YO.

             


Antes y después. Así quedó en ruinas el edificio “Rubén Darío”. Foto inserta, arriba, el edificio Rubén Darío, antes del terremoto.


TEXTO Y FOTOGRAFIAS
René Hurtado

11:45 de la mañana del Viernes 10 de Octubre de 1986, los habitantes de San Salvador se desenvolvían normalmente en su labores diarias, en el edificio “Rubén Darío”, se iniciaban las labores, algunos trabajadores me dijeron que la cortina de hierro de la entrada principal del edificio se había desplomado sin ningún motivo y no permitían el acceso de los empleados y visitantes, pero se recomendó ingresar por la Joyería “Darío” y así se hizo y comenzó la actividad diaria.



Este edificio, después del terremoto de 1965 fue declarado con daños graves y se recomendó demolerlo por el peligro que representaba, pero sus propietarios no lo hicieron y por esa razón murieron unas 500 personas.



El poderoso terremoto destruyó el edificio del Hotel San Salvador, cerca de Catedral Metropolitana.

En 1986 trabajaba como periodista y fotógrafo de Diario El Mundo y ese 10 de Octubre, junto al fallecido Director don Cristóbal Iglesias, atendíamos a los representantes de la Unidad Nacional de Trabajadores UNTS, Humberto Centeno, la fallecida Febe Elizabeth Velásquez y Guillermo Rojas, del Seguro Social.

El Director del periódico, don Cristóbal Iglesias me dijo: “Hurtado vienen de visita los de la UNTS y hay que hacerles una entrevista y fotografías, cámara y grabadora en mano, esperé, llegaron y tomé la fotografía. Salí de la dirección, caminé unos 5 pasos, me detuve por un segundo y un ruido aterrador seguido del movimiento de tierra, se sintió y de inmediato busqué protección bajo una puerta cercana a una de las tantas columnas del edificio en la segunda planta y observo que la energía eléctrica se corta y cae una lámpara sobre la cabeza de un compañero.


El cadáver de una niña de 6 años de edad, del Centro Escolar Santa Catalina, es recogido por su padre. La niña tendría ahora 33 años.



Todo queda oscuro y se oyen gritos de miedo y llamo a la calma a mis compañeros y salgo de inmediato del edificio. Todo esto ocurrió en fracción de segundos, llego a la calle, veo gente herida y caída en el suelo; otros gritan llenos de pánico y una señora me dice señalando al Teatro Nacional “allá pusieron la bomba” y sonrió nerviosamente.



El terremoto del 10 octubre dejó a esta madre sin sus dos hijas que estudiaban en el Centro Escolar Santa Catalina.


Llego a la esquina con la cámara en mis manos, buscando “algo que había pasado”. Observo hacia el sur una nube de polvo al igual que el efecto de una bomba atómica, que formaba un hongo y se siente otro fuerte movimiento de tierra y veo al fondo una polvareda, que después supe que era el edificio “Dueñas” y un ruido fuerte me hace voltear la mirada rumbo al Hotel San Salvador y tomo una fotografía en los precisos momentos que el edificio se inclinaba ante la mirada de muchas personas .




Con un fuerte temblor que siguió momentos después del terremoto del 10 de octubre, se da el desplome del Hotel San Salvador.

Corro a la esquina de la Avenida España y dos buses habían chocado, y en el suelo se encontraban otros 2 motociclistas que habían caído ante el terremoto y unas personas heridas salían de los escombros del “Hotel San Salvador” y en la acera yace el cuerpo de una mujer sepultada por los salientes del edificio que había caído.



Con un fuerte temblor que siguió momentos después del terremoto del 10 de octubre, se da el desplome del Hotel San Salvador.

Sorpresivamente ocurre otro movimiento de tierra y otra parte del edificio cae, junto al rótulo de la “Westerhausen” y logro tomar la fotografía. Con la cámara en mis manos a veces se me olvidaba tomar fotos y al darme cuenta que la tragedia era grande, pretendí regresar al diario pero me acuerdo de mi familia y salgo en busca de ella, pidiéndole a Dios que no les hubiera pasado nada. Todo esto y como en las películas, pasó en unos 70 segundos, después del terremoto los temblores subsiguientes derrumbaron lo que había quedado en pie, resistiéndose a caer.


Los cadáveres de las alumnas del Centro Escolar Santa Catalina, en el Barrio San Jacinto fue lo que rompió el corazón. Sus cuerpecitos fueron rescatados del edificio donde esperaban ser recogidas por sus padres.



Durante el recorrido, rumbo al barrio San Esteban, me encuentro con el edificio del Misterio de Educación donde trabajaba como Director de Prensa y me doy cuenta que los siete pisos del edificio y la Biblioteca Nacional, el terremoto los había destruido.
El viernes 10 de Octubre 1986 ocurrieron muchos milagros y los capitalinos no lo van a olvidar nunca y fue un día tan doloroso que como periodista jamás voy a olvidar. La muerte de las 42 niñas del Colegio Santa Catalina.
El saldo fue trágico 1 mil 300 muertos, 40 mil viviendas caídas y dañadas; 200 mil damnificados y 10 mil millones de colones en pérdidas materiales. Los hermanos salvadoreños muertos en la tragedia no se le deben olvidar al gobierno actual ni a los próximos, para que siempre las construcciones se hagan con material resistente y que los Ingenieros y Arquitectos se humanicen en las construcciones y utilicen las técnicas modernas antisísmicas y no construyan “tumbas para los salvadoreños” en este “valle de las hamacas”.


10 de Octubre de 1986 – 10 de octubre del 2014, 28 años.

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